¿EL FÍN DE LAS UNIDADES CONVENCIONALES EN EL EJÉRCITO?

Perspectivas para la Defensa en nuestro país

¿EL FIN DE LAS UNIDADES CONVENCIONALES EN EL EJÉRCITO?

 

Por: DOMINGO SILVA CANCINO

 

En los últimos años se ha venido discutiendo sobre las necesidades de reequipamiento y modernización de nuestras unidades del Ejército de Tierra. Asimismo, vemos que organizaciones militares como la OTAN van priorizando la formación de unidades de reacción rápida y de operaciones especiales.

 

LA SITUACIÓN ACTUAL DE NUESTRO EJÉRCITO

Nuestro Ejército viene atravesando una situación de obsolescencia en bloque, respecto de sus unidades mayores de combate convencional. Si vemos sus unidades blindadas, de artillería, de caballería y otras unidades de combate y apoyo de fuegos, en casi todos los casos (por no decir todos) se aprecia la existencia de equipos obsoletos, con bajo nivel de operatividad.

Ante esta situación evidente y de conocimiento público, se ha intentado realizar procesos de adquisición de diverso material, pero casi ninguno se ha concretado. Así se han recibido propuestas para la adquisición de tanques en Alemania, Holanda, España, China y Rusia, se han recibido propuestas de tanques de Corea del Sur; asimismo propuestas para la adquisición de artillería y vehículos blindados de Alemania, Suiza, República Checa, China, por nombrar algunos. Sin embargo, por diversas consideraciones políticas (“solo se puede adquirir unidades nuevas”) o por factores económicos (se destinan fondos para adquisición de tanques que no llegan al 40% del costo de adquirir unidades nuevas en las cantidades establecidas en los planes iniciales formulados por el Estado Mayor del Ejército), finalmente no se concretan la adquisición de estos y otros equipos.

Finalmente, aun cuando existen – en principio – fondos presupuestales para la compra de diversos equipos en el Ejército, esto no sucede por varios motivos: (i) se considera que deben adquirirse “necesariamente” equipos de igual o mejor tecnología que los utilizados por el Ejército chileno (el objeto de sus principales preocupaciones); (ii) se considera que “necesariamente” deben adquirirse equipos en similares – si no mayores – cantidades a las que tiene el Ejército del vecino antes señalado; (iii) paralelamente a esto, no se destina a Defensa más del 1,2% del PBI al año, mucho menos de lo que destinan los demás países de la región, principalmente porque nuestra clase política confunde mantener una postura política pacifista con un desarme unilateral, lo cual viene reforzado por la reciente solución pacífica de la controversia entre nuestro país y Chile por la delimitación marítima. Es evidente que con estas condiciones, los requerimientos del Ejército, tal cual están planteados, difícilmente podrán ser satisfechos. Ante ello, no se hace nada realmente, y mientras tanto los equipos siguen estando con bajo nivel de operatividad, siendo más difícil su recuperación, si es que alguna vez se decide hacer esto.

Pensamos que este dilema debiera resolverse de otra manera, no tratando de convencer a una clase política y a un Ministro de Economía como los que tenemos, porque esta tarea se ha venido haciendo durante los últimos 12 años, sin éxito. Consideramos que es tiempo de repensar toda la situación.

¿QUE TANTO NECESITAMOS UN EJÉRCITO COMO EL QUE TENEMOS?

Si podemos definir nuestro Ejército, podemos decir que es uno convencional, posicional, parcialmente mecanizado y de conscripción voluntaria. Nuestro Ejército está compuesto de unidades orgánicas, con batallones de tanques, regimientos de caballería blindada, grupos de artillería de cohetes y autopropulsada, brigadas de infantería y unidades de fuerzas especiales, así como una Brigada de Aviación de Ejército. Está distribuida a lo largo del territorio nacional en 5 Regiones Militares (la del Norte – con unidades en los departamentos de Amazonas, La Libertad, Lambayeque, Piura y Tumbes –; la del Centro – con unidades en la ciudad de Lima y en los departamentos de Junín, Pasco, Huánuco, San Martín y Ucayali – ; la del Sur – con unidades en los departamentos de Arequipa, Cuzco, Moquegua, Puno y Tacna – ; la Región Militar VRAEM – con unidades en Ayacucho, Apurímac, parte del departamento del Cuzco, Huancavelica y parte del departamento de Junín – y la del Oriente –con unidades en el departamento de Loreto), 25 Brigadas repartidas en las 5 Regiones Militares antes mencionadas (de las cuales 4 son Blindadas, 2 de Caballería, 6 de Infantería – de ellas una es de reserva –, 2 de Montaña, 2 de Artillería, 3 de Fuerzas Especiales, 1 Contrasubversiva, 2 de Servicios, 1 de Ingeniería, 1 de Comunicaciones y 1 de Selva), 1 Agrupación (de Artillería) y la Brigada de Aviación.

Nuestro Ejército se basa en grandes unidades de blindados, infantería y artillería en las zonas de las fronteras norte y sur en la franja costera, unidades de fuerzas especiales en la zona central y sur. Su concepción está inspirada en el pensamiento geopolítico y de la doctrina militar de los años 70, la misma que está recogida y compartida por los Centros de Estudios Militares del Ejército, con lo que no existe un examen de las circunstancias y condicionantes imperantes en el presente siglo a la hora de tomar decisiones sobre el diseño de fuerza. Incluso aunque muchos de sus oficiales admiten que el entorno estratégico ha cambiado, a la hora de pensar en el diseño de fuerza del Ejército, siguen considerando los mismos esquemas de organización para sus unidades principales, con decenas de tanques pesados de batalla y otros vehículos blindados, grandes unidades de artillería e infantería, concebidos para su empleo en grandes operaciones convencionales contra un Ejército extranjero, sobre todo pensando en el vecino del sur.

 

La realidad nos muestra que los principales desafíos para nuestro Sistema de Defensa Nacional, en el que el Ejército forma parte indispensable, tienen que ver sobre todo con el despliegue de las unidades en operaciones distintas a la guerra y multinacionales, en los que la interoperabilidad y la capacidad de operar en redes (network centric) y desplegarse será tan o más importante que el de la potencia de fuego bruta, ya que el objetivo de nuestro Sistema de Seguridad y Defensa no es solo el de garantizar la integridad de nuestro territorio sino el de garantizar nuestra independencia y soberanía, expresándose ésta también a través de nuestra política exterior, en las cuales nuestro país ejerce de manera activa, procurando la paz y estabilidad internacionales, así como también por la defensa del Estado y la sociedad peruanas frente a las manifestaciones del crimen organizado internacional (narcotráfico, terrorismo, comercios ilícitos y delitos ambientales), lo que se denomina ahora las nuevas amenazas. Así, las Fuerzas Armadas participarán en la lucha contra estas nuevas amenazas apoyando a la Policía Nacional en el combate de estas nuevas amenazas, que son en principio su competencia pero por la naturaleza de aquellas, exceden sus capacidades de respuesta.

Sin embargo, no debemos olvidar que la misión primordial de las Fuerzas Armadas es garantizar la integridad de nuestro territorio y enfrentar, con éxito, la posibilidad – siempre posible – de un conflicto con otro Estado y sus ejércitos, por lo que deben estar preparados para ello, ya que las nuevas amenazas por más importantes que sean no han hecho desaparecer las amenazas tradicionales, siendo necesario mantener también una capacidad de respuesta convencional suficiente. Pensamos por ello que lo que se necesita es un proceso de transformación de nuestro Ejército, para que deje de lado sus atributos tradicionales para pasar a ser uno híbrido, altamente móvil, totalmente mecanizado y con un sistema de conscripción y reserva voluntarios. Esto implica el cambio de la concepción y diseño de la fuerza, con la reducción de algunas de ellas (por ejemplo, pasar de tener 6-7 Batallones de Tanques a tener 3, con uno de reserva; redistribuir la ubicación de ciertas unidades de infantería en el norte, agrupándolas para de allí poder hacer efectivo su empleo a través del despliegue; tener la disposición a movilizarse en cualquier momento (por ejemplo, cambiando ciertas unidades de frontera y agrupándolas en zonas desde donde puedan desplazarse, ya que la detección de cualquier intrusión puede hacerse de manera remota con imágenes satelitales); contar preferentemente con unidades blindadas a ruedas que puedan ser desplegadas a larga distancia, pudiendo desplazar diversos elementos de manera protegida – no solo personal, sino incluso unidades logísticas y ciertos elementos de apoyo de fuego como artillería –, por citar algunos ejemplos. Esta transformación, que se verá reflejada en un nuevo equipamiento y diseño de fuerza, debe nacer en la oficialidad del Ejército, con la adopción de las concepciones de interoperabilidad (para poder actuar no solo entre diversas unidades del Ejército, sino conjuntamente con otras Instituciones Armadas y hasta de manera combinada con Ejércitos extranjeros, en operaciones multinacionales), movilidad (entrenar constantemente no solo la aplicación de tácticas militares específicas, sino sobre todo su capacidad de desplegarse con toda su logística), eficiencia (superar la idea de que más y más pesado es mejor, sino que tienen que tomar en cuenta la reducción de los costos de mantener grandes cantidades de ciertos equipos como tanques, para privilegiar el uso de vehículos más ligeros y menos costosos de mantener y operar), excelencia (sobre todo académica, porque el oficial debe conocer la tecnología más avanzada y las últimas lecciones aprendidas de las operaciones de diversos Ejércitos en el mundo, para saberlas adaptar a la realidad peruana y saber claramente que es lo que le corresponde hacer y cuales son los medios que ahora necesita) y sentido ético (para aprender, sin dejar de lado las virtudes de la marcialidad y firmeza que se espera de cualquier oficial de Ejército, a respetar a la persona humana, no solo al conscripto que debe recibir mejor instrucción y trato, sino a cualquier otra persona, por cuanto el oficial ya no solo enfrenta a otro militar, sino sobre todo diversos problemas donde les toca operar, sea en zonas de emergencia como el VRAEM, o en su despliegue en operaciones multinacionales de paz).

 

¿CUALES SON LOS EFECTOS DE LA TRANSFORMACIÓN PARA NUESTRO PAÍS Y REGIÓN?

Con la eventual reorganización del Ejército los efectos serán positivos, por cuanto estará mejor adaptado a las circunstancias y nuevas misiones que deben realizar, pudiendo lograr mejores niveles de equipamiento que los que ahora tienen – al alinear su concepción y requerimiento a los nuevos desafíos de seguridad de nuestro siglo, siendo más fácil que puedan obtener las partidas presupuestales necesarias para la renovación de su obsoleto equipamiento – , y en la región será importante en la medida que la política exterior del Perú está transitando a esquemas de seguridad hemisférica cooperativa, en el que las misiones de las Fuerzas Armadas ya no estarán orientadas principalmente a resolver una hipótesis de guerra convencional contra un vecino, sino a participar en misiones internacionales de imposición, mantenimiento o construcción de la paz en escenarios como el de Haití o en cualquier otra parte del mundo, otorgándole mejores competencias para su participación en diversas operaciones multinacionales, siendo un actor mucho más útil en un esquema de seguridad cooperativa, con lo que la influencia del país en el entorno internacional aumentará al ser un actor y líder en diversos escenarios internacionales, donde la paz y seguridad se vean afectadas, y no solo un seguidor de otros. Esta transformación contribuirá a que el país logre sus objetivos de Defensa y, con ello, sus objetivos nacionales en este nuevo siglo.