SOBRE LA NECESIDAD DE TENER CAPACIDADES MILITARES DURAS

abrams bradley

Sobre la utilidad de las Fuerzas Armadas en los nuevos escenarios

CAPACIDADES MILITARES DURAS EN GUERRAS ASIMÉTRICAS

 

Hace un tiempo ya se viene escribiendo sobre las nuevas amenazas que aparecen con más frecuencia en el escenario internacional, y sobre los nuevos roles que las Fuerzas Armadas están llamadas a cumplir para proveer de seguridad a la población frente a aquellas. Se viene señalando además, en diversos espacios políticos y académicos, sobre la cada vez menor probabilidad que hayan guerras interestatales en la región y que las Fuerzas Armadas deben adaptarse a roles más de policía armada y fuerza organizada para ayuda humanitaria y alivio frente a desastres. En esta oportunidad analizamos sobre la pertinencia de dichas afirmaciones.

 

Por: DOMINGO SILVA CANCINO

 

Hasta finales del siglo pasado, y luego del colapso de la antigua Unión Soviética, el mundo estuvo prácticamente regido por una sola potencia, los Estados Unidos de América, con Rusia, China y otros países de poder relativo por detrás de este último, sin la posibilidad de poder discutir dicha supremacía en términos económicos, políticos y militares (aunque ello viene cambiando aceleradamente).

Asimismo, la globalización, con el avance de las comunicaciones y en la electrónica, ha propiciado una gran movilidad de bienes, capitales y personas, que si bien ha traído consigo notables ventajas en el comercio internacional, también plantea crecientes desafíos a la seguridad de los Estados, en el cual la actividad criminal muestra que su alcance se ha extendido a niveles transnacionales, y fenómenos como el narcotráfico, el terrorismo, la trata de personas y el comercio ilegal de bienes forma parte de nuestro panorama nacional y global. En ese orden de ideas, la existencia de nuevas amenazas a la seguridad estatal y global, donde una nueva clase de guerras, llamadas de cuarta generación(1) son cada vez más comunes, con actores no estatales que se enfrentan a las organizaciones estatales (y sin duda, a las de seguridad y defensa), donde las superiores capacidades de éstas últimas no son adecuadas para enfrentar a un enemigo que forma parte de la población que no se enfrenta al Estado, pero que tampoco se enfrenta a dichos grupos (y muchas veces los apoya o protege).

Nuestro país, nuestra nación, se formó y se constituyó en República, con unas Fuerzas Armadas cuya misión es la de garantizar la soberanía e integridad territorial de la nación. Entonces, sería sencillo enfocarse en nuevas capacidades (limitadas) para nuevos roles (policiales), si la posibilidad de un conflicto interestatal estuviera descartada. Pero no lo está. Es más, siempre es una posibilidad latente. Y más sobre todo con un vecino que tiene capacidades militares superiores a las nuestras, y que sigue invirtiendo en ampliarlas(2), nos hacen pensar que debemos obtener capacidades para lograr la disuasión necesaria en este caso, no para buscar un conflicto sino precisamente para evitarlo.

Y nuestro país tiene cinco fronteras, no una, que el Estado debe resguardar. Y, lamentablemente, en la situación actual, no podemos decir que actualmente se cumpla el mandato constitucional, por parte de nuestras Fuerzas Armadas, de garantizar la soberanía e independencia territorial, porque aplicando la lógica, en un enfrentamiento con las fuerzas de cualquier vecino, lo más probable es que seamos vencidos, con lo cual deja de cumplirse dicho mandato, por falta de medios adecuados para lograr ese objetivo. Y lo que está pasando es que consideraciones económicas están superponiéndose sobre otras consideraciones de Estado que son más importantes, como que el Estado está para preservar la supervivencia de la Nación. Y la Defensa, como cualquier política pública, debe sobre todo regirse por un principio de eficacia, porque la idea es que alcance sus objetivos, sino será una política inútil, sin sentido alguno, al tener objetivos que no alcanza.

En el caso del Perú, luego de un escenario de probable guerra con un rival histórico y dos conflictos armados con Ecuador, se ha venido conviviendo desde hace 38 años con el accionar de grupos terroristas armados en nuestro país, los mismos que han venido causando cuantiosos daños y que no han desaparecido, mutando a un forma de narcoguerrilla en la zona de los valles de los ríos Apurímac, Ene y Mantaro, que pervive hasta la actualidad y que es de difícil erradicación. Y, por otro lado, también subsiste el mandato constitucional de contar con fuerzas militares destinadas a garantizar la soberanía, independencia e integridad territorial de la nación, frente a cualquier vecino que pueda encontrarse bien equipado, por lo que es necesario analizar que diseño de fuerza es necesario mantener para enfrentar escenarios de guerra asimétrica y, a la vez, tener las capacidades necesarias para cumplir sus roles tradicionales. Considerado todo ello, nos preguntamos, ¿es útil contar con capacidades militares duras frente a escenarios de conflicto asimétrico? ¿Qué pasa si ese escenario cambia? ¿Estarán nuestras Fuerzas Armadas preparadas para cumplir sus roles tradicionales?

GUERRA ASIMÉTRICA

Las llamadas guerras asimétricas, o llamadas también guerras de cuarta generación, son consecuencia de la evolución de los conflictos a lo largo de la historia, y su clasificación hecha por William Lind(3).  En dicha clasificación se establecieron diversas formas en la que la guerra, como fenómeno humano, se presentó a lo largo de la historia. Resumiendo la clasificación, las guerras de primera a tercera generación suponen el uso de armas de fuego y los ejércitos profesionales, luego el uso de Ejércitos de masas, industriales, organizados en el que se utilizó rápidamente las innovaciones en artillería y comunicaciones, y finalmente gracias a la mecanización de los ejércitos y el uso de evidentes adelantos en sensores, comunicaciones y armamento se privilegia la maniobra en el combate(4).

Como respuesta frente al irresistible poder de fuego de los ejércitos, se buscó la forma de contrarrestarlo a través de acciones indirectas, en el que las fuerzas regulares se deben enfrentar a un enemigo difuso, mimetizado entre la población, que combate a aquellas atacándolas por la retaguardia, buscando hostigarlas, a fin de infligir no solo daño físico, sino sobre todo moral, con el objeto de cuestionar la legalidad de las operaciones realizadas en contra de los combatientes irregulares, quienes combaten al margen de las reglas, y en donde las actividades criminales, la violación de los derechos humanos y otras infracciones a la ley forman parte del procedimiento usual de combate de éstas fuerzas irregulares. En la lucha seguida por estos grupos irregulares, ellos no buscan la victoria militar (situación que es muy difícil o imposible de alcanzar) sino que les basta con que no sean derrotados militarmente de manera definitiva, porque ello implicará una derrota política para el Estado y su organización militar.

¿Cómo enfrentar a estos grupos armados irregulares? Debemos decir que generalmente actúan en formaciones de infantería (guerrilla), empleando fusiles de largo alcance y también otras armas automáticas; en algunos casos, como ISIS en Medio Oriente, emplean vehículos ligeros y armas de mayor calibre (antiaéreas o de apoyo de fuego), así como armas antitanque, todas conseguidas en el mercado negro, siendo necesario entonces combatirlos con armas de precisión, sensores electroópticos para detección y protección de emplazamientos y bases, así como el uso de comunicaciones tanto a nivel de centros de mando hasta nivel de pelotón; asimismo, el uso de la inteligencia, tanto humana como electrónica, es elemento importante en este tipo de operaciones.

En nuestro país el accionar de las huestes guerrilleras, que no pasan de aproximadamente 500 miembros, se ve potenciado por dos factores: conocimiento pormenorizado del terreno donde se llevan las acciones y (no menos importante) fuentes de abastecimiento logístico y de inteligencia obtenidos de la población por apoyo o por intimidación, lo cual les permite a éstas fuerzas golpear, replegarse y reagruparse, en el terreno agreste en donde las acciones se llevan a cabo.  Por otro lado en nuestro dominio marítimo, cada vez hay mayor presencia de elementos criminales realizando actividades ilícitas, como piratería, trata de personas, pesca ilegal, contrabando y narcotráfico, lo cual nos acarrea grandes perjuicios económicos y políticos.

Sin embargo, ha habido ejemplos de uso de capacidades militares duras en determinadas operaciones contra la narco guerrilla, algunos de ellos en el país o en la región (como la reciente operación del Ejército Colombiano para la neutralización del tercer cabecilla del ‘Clan del Golfo’), en el cual se puede apreciar que sí es posible el uso de equipo militar convencional.

Por ejemplo, en el caso que se logre conocer la ubicación de mandos terroristas en una zona de la selva de nuestro país. Con el uso de miras telescópicas de largo alcance y sistemas de comunicaciones radiales con salto de frecuencia se transmite no solo voz sino data respecto a la ubicación exacta del objetivo, y cuyas coordenadas pueden ser cargadas en el sistema de navegación de una plataforma aérea con capacidad de lanzar una bomba de precisión (las hay de diverso peso, según el efecto que se quiera causar, el mismo que es determinado por los especialistas armeros de un escuadrón aéreo).

En razón de la necesidad de actuar con premura, la plataforma debe ser capaz de volar rápido, alto y lejos, por lo que es probable que se utilice un avión de combate de primera línea, desplegado en su base en la costa, a centenares de kilómetros, pero cuya distancia será recorrida en alrededor de media hora de vuelo. Así, el piloto, entrenado en operaciones de ataque a tierra con armamento de precisión, está en la capacidad de soltar su carga y destruir la zona asignada, al igual que si atacase un objetivo de alto valor militar (una formación blindada, un cobertizo de hormigón de una Base Aérea enemiga, una represa o una estación hidroeléctrica ubicada en territorio extranjero).

Es posible, entonces, usar esa aeronave y su piloto, entrenados para realizar operaciones de ataque convencional, para realizar un ataque de valor estratégico, al eliminar a un mando importante de una organización terrorista que está establecida en dicha zona para desarrollar actividades ilícitas (narcotráfico), que les permita solventar alcanzar sus objetivos político-ideológicos.

Asimismo, en el caso de la extracción de grandes cargamentos de droga o de actividades pesqueras ilegales en nuestro dominio marítimo, es posible utilizar unidades de superficie o submarinas de la Marina de Guerra al efecto. Así por ejemplo, en el mes de noviembre de 2004, se desplegó un submarino para detectar y tomar registro visual de embarcaciones chinas que estaban realizando extracción ilegal de recursos marinos de nuestro mar, las mismas que contaban con el apoyo de un buque factoría de gran tonelaje que estaba anclado fuera de los límites de nuestro dominio marítimo.

La intervención de la unidad submarina era indispensable ya que los pescadores ilegales conocen los límites de nuestro dominio, y saben qué hacer cuando son intervenidos fuera de nuestro dominio marítimo, tratando de exponer luego al Estado a reclamaciones legales por intervención indebida. Entonces, el submarino, haciendo uso de su sigilo en el dominio marítimo no solo es capaz de acercarse sino, con sus sensores en el mástil, poder tomar las imágenes de los buques en plena actividad ilegal y marcar las coordenadas para constituir prueba eficaz que están violando los derechos del país en su zona económica exclusiva (ZEE), lo que posibilita una posterior intervención de las unidades de superficie, sabiendo que no podrán burlar la acción de la autoridad marítima.

En el caso del control de espacios terrestres, podemos pensar en múltiples formas de ejercer éste con diversos vehículos, desde ligeros de exploración y reconocimiento, hasta vehículos blindados pesados de gran poder de fuego. El tema complicado es responder dos aspectos a considerar, (1) el alto costo de adquirir sistemas de armas complejos de gran poder ofensivo y (2) si en el futuro nuestras Fuerzas Armadas no enfrentarán las fuerzas de otros Estados, sino que solo se perseguirán contrabandistas, narcotraficantes y piratas.

¿UN TANQUE PARA PERSEGUIR CONTRABANDISTAS? EL RETO DEL DISEÑO Y EMPLEO DE LA FUERZA

En el caso de nuestro país, cuyas inversiones en sistemas mayores de combate (fragatas, tanques, artillería autopropulsada y aviones caza) fue realizada entre 1980 y 1997, y teniendo el problema de una degradación progresiva y avanzada de sus sistemas mayores y ante la necesidad de su reemplazo, estamos en el dilema de pensar qué tipo de fuerza tendremos en el futuro y como la vamos a emplear. Cuando pensamos en los montos a invertir (un submarino tipo 214 alemán debe costar unos 600 millones de euros, una fragata nueva cuesta no menos de US$ 350 millones, un avión de combate multirol nuevo está costando alrededor de los US$ 80 millones en algunos casos, y en otros mucho más), se tienen que considerar, inevitablemente, montos de inversión de alrededor de varios miles de millones solo en adquisiciones, sin contar armamento y equipos, mantenimiento y operación. Claramente ante ese panorama muchos pensarán que se gasta demasiado en armas para hacer la guerra, pero repetimos, ese enfoque es errado por inexacto e insuficiente.

Debemos tener en cuenta también que, ante el accionar de los grupos criminales organizados, se necesitan cada vez capacidades mayores en los equipos en uso de nuestras fuerzas, así por ejemplo en unidades de superficie navales, se requieren de buques con mejores sistemas de comando y control, radares, sonares, propulsores de gran resistencia y alta velocidad, y otros sistemas que ya son equipamiento de una unidad tipo patrullera (como las POVZEE venezolanas que son casi una fragata) y que, para tener todas sus capacidades de combate, solo requiere de las armas como misiles y torpedos, lo que supone un 20% adicional al valor de la unidad referida.

El uso que se haga de los activos militares es variable según las circunstancias, en algunos casos podrá emplearse un medio de menor capacidad (un avión de entrenamiento avanzado y ataque ligero, o una patrullera, o un vehículo tipo Humvee) para interceptar avionetas de narcotraficantes, o combatir grupos armados irregulares en tierra y mar. Pero dichos medios serán insuficientes para enfrentar a una fuerza regular dotada de medios con mayor poder de fuego y, así, la acción de nuestras Fuerzas solo será un sacrificio vano de recursos humanos y materiales. Si la región, por poner el ejemplo más cercano, no tuviera algunos países vecinos armados, ciertamente podríamos establecer una fuerza militar de corte policial o para asistencia humanitaria, pero no es el caso.

¿SE ACABARON LAS GUERRAS INTERESTATALES? UNA REFLEXIÓN SOBRE CAPACIDADES MILITARES Y SOBRE DISUASIÓN

Se dice en varios foros que el tiempo de las guerras interestatales ha pasado; pero el hecho es que no han pasado, no solo existen contenciosos de límites entre algunos Estados de la región que están todavía por resolverse, sino que en algunos casos aún cuando resueltas no están todavía aceptadas (el caso del diferendo entre Colombia y Nicaragua, ya fallado por la Corte Internacional de Justicia). Por otro lado, los criminales transnacionales (grandes carteles de la droga y de otros objetos de contrabando, como madera, oro, piedras preciosas, entre otros) cada vez acumulan más poder, logrando que se formen milicias apoyadas por fuerzas extranjeras lo que puede generar un problema de seguridad que requiera el empleo de las Fuerzas Armadas.

La misión de toda Fuerza Armada es lograr disuasión, y la disuasión solo se logra con capacidades militares, y ello implica no solo tener los medios materiales (equipamiento) sino estar en condiciones de emplearlos efectivamente (lo que se logra con entrenamiento y mantenimiento), para que así el poder político tenga a la mano un poder fáctico disuasivo y creíble, a fin que pueda lograr la satisfacción de los intereses nacionales.

Lo real es que en el mundo se mantienen equilibrios por el poder que los Estados pueden mostrar, y así evitar que otros puedan afectar sus intereses. Ahora serán narcotraficantes o contrabandistas, o incluso terroristas, los que ahora perturben la seguridad del Estado, pero nadie puede decir es imposible que ese problema de seguridad escale a una situación en la que tengamos que usar nuestras capacidades militares frente a un adversario estatal inclusive. Además, las capacidades militares también se deben usar en el espectro espacial y ciberespacial, que está en un incipiente desarrollo conceptual y de implementación legal y administrativa, para crear capacidades útiles para nuestra defensa.

Aunque nuestras Fuerzas Armadas actualmente hacen uso de sus medios de combate contra delincuentes terroristas u otros criminales, consideramos igual que estamos lejos, no solo para diseñar nuevas capacidades, con el reemplazo de los equipos aéreos, terrestres y navales que ahora tenemos, sino con el desarrollo de nuevas capacidades, como la de ciberdefensa.

Finalmente, consideramos que para resolver este dilema debemos tomar decisiones, buscando obtener las capacidades al menor costo posible, respondiendo las siguientes preguntas:

  • ¿En qué dominios pensamos tener capacidades militares duras que nos den seguridad? ¿En el dominio aéreo, naval y terrestre solamente? ¿Qué haremos para contrarrestar amenazas en el campo espacial o ciberespacial? ¿Estamos sujetos a amenazas en esos campos y podemos contrarrestarlos?
  • ¿Tenemos capacidades de ejercer control efectivo en nuestros dominios marítimos, aéreos y terrestres? ¿Tenemos la capacidad de por ejemplo, detectar una aeronave no identificada, que ingresa a gran velocidad en nuestro espacio y podemos interceptarla, incluso derribarla?
  • ¿Podemos ejercer control efectivo sobre nuestro dominio marítimo? ¿Tenemos la capacidad de detectar intrusos en el mismo y podemos interceptarlo y neutralizarlo en el caso que tenga intenciones hostiles?
  • ¿Podemos controlar nuestra frontera terrestre contra cualquier ingreso no autorizado, de fuerzas regulares o irregulares, con intenciones de atacar nuestros bienes y conciudadanos, y podemos neutralizarlos y expulsarlos del territorio?
  • ¿Tenemos las capacidades antes señaladas, en un estado de alistamiento que podamos usarlas en cantidades que resulten útiles a nuestro objetivo de garantizar nuestra seguridad, soberanía e integridad territorial?

Si podemos responder de forma positiva a dichas preguntas, entonces tendremos un sistema de Defensa útil, sino entonces estamos perdiendo el tiempo y recursos, y debiéramos entonces cuestionarnos seriamente que tipo de Fuerza Armada queremos, necesitamos y podemos sostener. Porque si pensamos que no se necesitan capacidades militares duras podemos terminar desprendiéndonos de equipo militar que nos pueda, con una modernización adecuada, proveer capacidades que, de otro modo y una vez perdidas, será muy difícil recuperar.  No lleguemos al extremo de otros países de la región que ya perdieron capacidades y que no evidencian voluntad política alguna por recuperarlas, asumiendo sus poblaciones, riesgos inaceptables a su seguridad.

  1. También se habla de las guerras de quinta generación, en las que el objetivo no es uno de carácter militar o material, sino la manipulación de las mentes, para hacer que la opinión pública responda a los intereses de quienes actúan sobre ellos.
  2. Las modernizaciones de los sistemas de defensa aérea de sus fragatas, los anuncios de intenciones de más fragatas Tipo 23 inglesas, los planes de modernización de sus tanques Leopard 2A4 a una versión superior son muestras evidentes de ello por parte de Chile.
  3. Lind, William – El rostro cambiante de la guerra: hacia la cuarta generación en: Military Review, octubre 1989.
  4. Ejemplos de eso tenemos el empleo de la doctrina de la guerra relámpagoBlitzkrieg en la Segunda Guerra Mundial, el empleo de la doctrina del AirLand Battle en uso en la Guerra del Golfo hasta la doctrina del dominio rápido o del shock y pavor usado en la Guerra de Irak de 2003.

2 thoughts on “SOBRE LA NECESIDAD DE TENER CAPACIDADES MILITARES DURAS”

  1. Omar Noriega

    Un interesante enfoque que demuestra una comprension cabal sobre el tema de la seguridad, sin embargo, la pregunta que cae por su propio peso es ¿quien determina el tipo de Fuerza Armada que queremos, necesitamos o podemos mantener? En un contexto en el que el Planeamiento Estrategico de la gestión pública esta orientado al desarrollo sin que se haya definido a la seguridad como elemento clave para un circulo virtuoso donde uno propicie al otro, poco se puede esperar a la hora de definir una respuesta que satisfaga las expectativas.

    1. Gracias por el comentario.
      En efecto la pregunta es del todo pertinente, y quien debe determinar el tipo, tamaño y misión de las FF.AA. que necesitemos (o podamos mantener) es el Gobierno. El Presidente de la República, como Jefe Supremo de las FF.AA. y el que preside el Consejo de Seguridad Nacional es quien debe dar los lineamientos de una Estrategia Nacional de Seguridad y Defensa, o también llamado Libro Blanco de la Defensa. En otros países se emiten estos Libros, y no solo ello, sino que deben ser revisados y se deben emitir periódicamente, cada 4 o 5 años. Nosotros tenemos UN solo Libro Blanco de la Defensa y no lo hemos revisado, mientras algunos de nuestros vecinos ya van por su cuarta versión.
      La Defensa es una Política Pública y, lamentablemente, no está debidamente enfocada, por cuanto hay personas (lamentablemente en algunas esferas del Gobierno con capacidad de decisión) que consideran que la inversión en Defensa es solo un gasto improductivo, destinada a adquirir equipamiento para una hipótesis de conflicto que consideran improbable, lo que en nuestra humilde opinión, no solo es falso sino que es inmoral por irresponsable (no se puede condenar al país a asumir niveles de inseguridad inaceptables frente a la posibilidad, tal vez ahora poco probable pero no por ello imposible, de un conflicto externo, que puede ser con un vecino o con cualquier otra potencia extranjera). Es por ello que el Planeamiento de la Gestión está orientado como bien usted dice, pero por sobre todo, ni siquiera hay una discusión política relevante para siquiera establecer expectativas que respondan, en primer lugar, al mandato constitucional que aún se encuentra vigente.

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