En esta oportunidad, un colaborador invitado y amigo, Christian Barclay, quien es presencia habitual en esta plataforma, nos aporta un interesante e importante análisis sobre los beneficios que supone para el futuro de la Fuerza Aérea del Perú la incorporación, a su línea de combate, de la aeronave multirol F-16C/D Block 70.
Por: Christian BARCLAY Venegas[1]
En agosto de 1919, el presidente Augusto B. Leguía tomó la decisión de Estado de convocar a una misión naval estadounidense para llevar a cabo la “verdadera y real reforma y evolución”[2] que por aquel entonces urgía la Armada nacional, la cual estableció los fundamentos doctrinales, de formación y estructurales que hasta el día de hoy perduran en la institución. Bajo tutela estadounidense, la Misión formó a los cuadros de oficiales que pasarían a comandar las decisiones que marcaron el rumbo de la Marina de Guerra del Perú (MGP) durante su proceso de modernización y expansión más importante desde el fin de la Guerra del Pacífico – y, fundamentalmente, estableció el compromiso duradero de la Nación peruana con la defensa de valores compartidos, concomitantes con la política exterior estadounidense de la época que hemos desarrollado en suficiente detalle en ediciones anteriores.
En abril de 2026, luego de un prolongado proceso de más de una década desde iniciados los estudios y luego de dos años de evaluación competitiva, el Perú finalmente formalizó la selección del Lockheed Martin F-16C/D Block 70, la variante más moderna jamás producida del venerable Fighting Falcon – uno de los programas militares más exitosos de la historia. Esta adquisición, por sus cualidades tecnológicas, representa un salto en capacidades sin precedentes para la Fuerza Aérea del Perú (FAP), aunque es menester mencionar que cualquiera de las alternativas consideradas en el estudio definitivo[3] podría haber satisfecho los requerimientos técnico-operacionales de la institución. Dicho esto, el F-16 es un símbolo poderoso de una nueva etapa en las relaciones de cooperación en defensa y seguridad con la primera potencia mundial, cuya compra se da en simultáneo con la agresiva política de realineamiento hemisférico impulsada por Donald Trump, que evoca aquella de la primera mitad del siglo pasado. Más aún, la selección del avión estadounidense abre la posibilidad de una (re)evolución en el seno de la FAP potencialmente tan significativa y trascendental como la que propició en la MGP la misión naval estadounidense de 1920.
THE AMERICANS ARE BACK
El realineamiento político-estratégico del Perú a comienzos de la década de 1940 con la llegada a la presidencia de Manuel Prado Ugarteche, quien sucedió en 1939 al filofascista Oscar R. Benavides, coincidente con la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial por el bando de los Aliados, propició la llegada de una misión aeronáutica de dicho país con la finalidad de equipar y adiestrar al Cuerpo Aeronáutico del Perú (CAP), hasta entonces subordinado al Ejército y la Marina. Una de las consecuencias estructurales más importantes, duplicando la reestructuración de las propias fuerzas armadas estadounidenses en el periodo de posguerra, fue la creación del Ministerio de Aeronáutica entre 1941 y 1943 y, posteriormente, el establecimiento de la FAP como rama independiente del servicio militar en 1950[4]. Esta cercanía con Estados Unidos permitió a la FAP, entre otras cosas, convertirse en la primera fuerza aérea latinoamericana en ingresar en la era del jet[5].
A pesar del paternalismo y condescendencia que caracterizaron la política estadounidense en materia de exportaciones militares a Latinoamérica durante las décadas sucesivas – impulsada por iniciativas como la Alianza Para el Progreso de 1961 durante el gobierno de John F. Kennedy; la Enmienda Conte de 1967 (incorporada en la National Security Act de 1968) y más tarde, la Directiva Presidencial 13 (PD-13) de Jimmy Carter de 1977 – que obligaron al Perú a diversificar su cartera de proveedores, el impulso inicial continuó, con la FAP manteniéndose como pionera en la introducción de capacidades novedosas en la región, como los primeros reactores supersónicos a fines de la década de los 70[6]. El Gobierno Revolucionario de la Fuerza Armada, que llegó al poder mediante golpe de Estado en octubre de 1968, representó un giro más drástico en ese sentido, adquiriendo armamentos a la Unión Soviética, si bien las compras a Estados Unidos continuaron[7].
Las infames restricciones impuestas por la PD-13[8] encontraron excepciones en un contexto de retorno a la estabilidad democrática y realineamiento con Estados Unidos en América Latina cuando, en 1982, se autorizó excepcionalmente a la Fuerza Aérea Venezolana (FAV) adquirir el F-16A/B Block 15 de la entonces General Dynamics (y mucho después a Chile, a partir de 2000). La FAP evaluó el F-16 en simultáneo con la FAV, pero terminó decantándose por aparatos de fabricación francesa Mirage 2000, de la misma cuarta generación[9].
Debieron pasar cuatro décadas de un arduo proceso interno de estabilización política y económica, coincidiendo con el reenfoque hemisférico iniciado en 2022 por Joe Biden y cimentado en 2025 por Trump[10], para que el Perú adquiriese las condiciones necesarias para volver a ser receptor de material militar estadounidense de vanguardia. La compra del F-16 Block 70 representa un retorno triunfal precisamente en el año en que ambos países celebran su primer bicentenario de amistad y relaciones diplomáticas[11].
UNA SITUACIÓN APREMIANTE
Con la firma del acuerdo por las primeras unidades F-16 Block 70 y el pago del adelanto el pasado 22 de abril, el Perú realiza su primera compra mayor de aeronaves de combate de primera línea desde las controvertidas transacciones con Bielorrusia y la Federación Rusa a fines de los 90 durante el segundo gobierno de Alberto Fujimori, en las postrimerías del último conflicto fronterizo con Ecuador[12].
Los sucesivos recortes presupuestarios y desinversión generalizada en defensa de las últimas dos décadas, posteriores al abrupto término del mandato del extinto expresidente (cuyo legado continúa polarizando a la opinión pública peruana hasta el día de hoy) y el retorno a la institucionalidad democrática a principios de siglo, generaron un desfase doctrinario, operacional y tecnológico en la FAP de al menos 30 años[13] respecto de lo que se considera el estándar mínimamente moderno para el empleo eficaz del poder aéreo en áreas tales como la defensa del espacio aéreo nacional, la capacidad de proyección multidominio, la interoperabilidad en escenarios combinados y conjuntos en entornos centrados en redes (Net-Centric Warfare, NCW), entre otras[14].
Si bien la última participación importante de la aviación de combate peruana en la edición de noviembre de 2018 del ejercicio Cruzeiro do Sul (CRUZEX) en la base de la Fuerza Aérea Brasileña (FAB) en Natal – donde se desplegaron cuatro Mirage 2000P/DP del Escuadrón Aéreo 412 (La Joya, Arequipa) y cuatro A-37B del Escuadrón Aéreo 711 (El Pato, Piura) – es generalmente considerada exitosa, desnudó una serie de carencias en las capacidades de despliegue y participación de la FAP en operaciones complejas (Composite Air Operations, COMAO).
Así pues, los Mirage 2000 debieron hacer una escala previa en Brasilia antes de llegar a su destino final, mientras que los cinco F-16AM Block 15 MLU del Grupo de Aviación No.7 de la Fuerza Aérea de Chile (FACh) realizaron el trayecto sin escalas desde su base (Cerro Moreno, Antofagasta) con el apoyo de una de sus plataformas de repostaje en vuelo KC-135E. A diferencia de los F-16 chilenos y estadounidenses y F-5EM brasileños participantes, la contribución del Mirage 2000 en misiones OCA/DCA (Offensive/Defensive Counter Air) y de escolta aérea se vio limitada, pues si bien la unidad de combate está familiarizada con la doctrina y procedimientos estándar de la OTAN empleados en el ejercicio, carece de un misil capaz de interceptaciones más allá del alcance visual (BVR) asociado a un radar moderno y habilidad de intercambiar datos con otros aviones y sensores off-board, incluyendo plataformas de alerta temprana y comando y control aerotransportado (AEW&C), mediante enlaces telemáticos (datalinks) para acceder a una conciencia situacional compartida. Asimismo, las austeras capacidades de ataque del A-37B se hicieron evidentes frente a los AMX A-1M de la FAB, equipados con avanzados sistemas de puntería y armamento de precisión.
MÁS QUE UN AVIÓN, UNA OPORTUNIDAD DE TRANSFORMACIÓN
La incorporación del F-16 Block 70 permitirá a la FAP no solamente subsanar las carencias previamente mencionadas y emplear el poder aéreo para la defensa de los intereses nacionales conforme a lo que se espera de una fuerza aérea del Siglo XXI, sino desempeñar un papel mucho más protagónico, comparable al que hoy gozan fuerzas aéreas como la de Chile, Brasil y Colombia, en intercambios y ejercicios multinacionales con Estados Unidos y países vecinos con miras a enfrentar amenazas hemisféricas compartidas, que demandan grados cada vez más relevantes de sinergia e interoperabilidad.
No forma parte de la intención del presente artículo presentar un panorama detallado y pormenorizado de las ventajas cualitativas técnicas o tecnológicas ni de las posibilidades tácticas que en tal sentido aportará el F-16, por lo que invitamos al lector revisar nuestros trabajos previos al respecto[15]. Más bien, el interés es analizar cómo, a partir de la experiencia acumulada del programa, la llegada del avión estadounidense podría ser el catalizador de la transformación institucional que tanto necesita la FAP.
Al hablar del F-16, un programa que tiene 50 años de desarrollo y mejora continua, con 27 operadores actuales (de 31 históricos) y aproximadamente 4,600 aviones fabricados desde su primer vuelo[16], es fácil identificar éxitos en los usuarios culturalmente mejor adaptados o económicamente más favorecidos, como los aliados occidentales o las economías desarrolladas de Medio Oriente y Asia. Sin embargo, la envergadura del programa abarca un amplio abanico de realidades, con diversidad de antecedentes y retos al momento de realizar la transición al Fighting Falcon, que representan casos de estudio aún más valiosos de mencionar, en la opinión del autor.
Peace Gate, la venta a la Fuerza Aérea de Pakistán (PAF), es probablemente uno de los capítulos más tensos y controversiales dentro de la historia del programa F-16, con múltiples altibajos[17]. Empero, es innegable que su introducción representó, en palabras del Air Commodore (r) Kaiser Tufail[18], un “radical cambio de paradigma cultural”, dramáticamente mejorando la seguridad en vuelo y el soporte logístico respecto de sus aviones legados[19]. Tufail añade: “recibimos el F-16 apenas dos años después que la USAF; en ese momento era el avión más avanzado del mundo, por lo que las exigencias impuestas a los pilotos eran equivalentes. Para volar el mejor caza del mundo, hay que ser el mejor. Y para serlo, en mi opinión, el Alto Mando hizo bien en exigir más a los pilotos”. El F-16 implicó un salto cualitativo en doctrina operacional y profesionalismo en todos los niveles de la organización. En adición a las nuevas tácticas y técnicas, la introducción del F-16 generó un cambio trascendental no solamente en la cultura institucional de la Fuerza Aérea, beneficiando a todos los sistemas y estamentos de la PAF, sino también en la cultura popular –“todo lo bueno en Pakistán se asociaba y representaba con el F-16”, concluye Tufail.
La base doctrinaria, de entrenamiento y organizativa que trajo el F-16 sentó posteriormente los fundamentos que aceleraron y optimizaron la adopción de los reactores JF-17 y J-10 chinos de 4.5 generación, junto con el concepto centrado en redes basado en datalinks soberanos en torno al cual opera actualmente la PAF.
Rumanía, uno de los antiguos países de la Cortina de Hierro, ingresó a la OTAN en simultáneo con Eslovaquia y Bulgaria, los más recientes usuarios europeos del novísimo F-16 Block 70. Sin embargo, al igual que estos dos últimos, demoró más de una década en migrar hacia un sistema de armas que le permitiese cumplir plenamente con sus obligaciones dentro de la Alianza. La Fuerza Aérea Rumana (FAR) no empezó de cero en su camino hacia el F-16, adquirido de segundo uso a Portugal bajo el programa Peace Carpathian. Si bien venía de volar aviones MiG-21 soviéticos, los mismos habían recibido extensiones de vida de célula y profundas modernizaciones en sus sistemas de aviónica y armas bajo el programa LanceR[20] para hacerlos más interoperables. A pesar de esto, las capacidades y la cultura de vuelo aportadas por el F-16 implicaron un salto cualitativo excepcional. “Todo país que ha completado la transición al F-16 tiene una historia que contar”, señala el Coronel Cătălin Micloș[21], comandante del 53.° Escuadrón de Caza de la FAR. “La nuestra es quizás más importante porque la transición del MiG-21 al F-16 no es simplemente pasar de un caza a otro. Si puedes volar el MiG-21, probablemente puedas volar el F-16” – ahí es donde terminan las similitudes. “Pero la transición a la mentalidad que acompaña al F-16 es tremenda”, continúa el alto oficial. “Desde la forma como te presentas a trabajar, como te comportas, como haces tu prevuelo y posvuelo, cuanto tiempo le dedicas a estudiar. Todo es diferente, punto. No se trata solo de cambiar la flota de un escuadrón del MiG-21 al F-16, sino de adaptar toda la fuerza aérea a una forma completamente diferente de hacer las cosas”.
La guerra en Ucrania lleva ya más de cuatro años. Asimilar un sistema de armas totalmente nuevo es una empresa ardua y larga en tiempos de paz – más aún en situación de guerra activa. A pesar del reducido tamaño de la flota[22] y de que el apoyo logístico y financiero proviene en gran medida de aliados occidentales, el F-16 ha logrado en menos de dos años mejorar considerablemente las capacidades de ataque y autodefensa de la muy golpeada y disminuida Fuerza Aérea Ucraniana (PSU). Más allá de las mejoras tecnológicas respecto de sus aviones legados, los pilotos ucranianos reconocen que el cambio más dramático y positivo ha sido la transición de una mentalidad soviética a una occidental, lo que ha permitido un alto índice de generación de salidas operativas. Según fuentes ucranianas, los pocos F-16 – menos de 40 unidades, apenas la mitad de los alrededor de 79 prometidos – representan aproximadamente el 80% de las salidas de combate de la PSU[23], habiendo acumulado más de 2 mil derribos de drones y misiles de crucero rusos en su rol principal de defensa aérea desde que iniciaron operaciones en 2024.
CONCLUSIONES
Las experiencias previamente descritas, aunque extremas, ilustran el impacto transformacional que ha tenido la introducción del Fighting Falcon en los respectivos casos de estudio. La FAP no enfrenta una situación de atraso tan dramática como provenir de una base doctrinaria y operacional completamente ajena, ni se encuentra en una situación desesperada como la de una guerra de alta intensidad. Pero, dada su propia problemática actual, es de esperar que la llegada del F-16 Block 70 implique un cambio tan profundo y trascendental que marque un antes y un después en la institución, como no se veía en décadas.
Como ya se mencionó, la situación presente de la aviación de combate de la FAP – y, en general, de la obsolescencia técnica y logística que afecta al conjunto de las Fuerzas Armadas peruanas – tiene su origen en la falta de inversión sostenida en defensa durante los últimos 20 años. Esta realidad ha generado un desfase significativo y ha hecho que la curva de asimilación de las capacidades del F-16 sea más pronunciada de lo que habría sido con una inversión continua, como sí ha ocurrido en varios países vecinos. A ello se suma la escasa asignación de horas de vuelo anuales por piloto, elemento crítico para el mantenimiento de la destreza operacional. En ese sentido, si bien Estados Unidos no impone formalmente mínimos de horas de vuelo ni porcentajes de disponibilidad de aeronaves, el programa F-16 viene asociado a expectativas claras de interoperabilidad con la USAF y estándares profesionales que se espera que el país usuario cumpla.
El F-16 Block 70 está lejos de ser solamente un avión de combate nuevo. Representa una oportunidad histórica para que la FAP dé un salto cualitativo sustancial que impacte positivamente todos los aspectos institucionales. Desde una política de defensa sostenible y de largo plazo, esta adquisición puede convertirse en el punto de inflexión necesario para consolidar todas las demás capacidades requeridas para el empleo decisivo del poder aéreo en el Siglo XXI (control del espacio aéreo, guerra electrónica; inteligencia, vigilancia, adquisición de objetivos y reconocimiento (ISTAR), repostaje en vuelo, etc.), al servicio de los intereses nacionales.
Quedará en manos de los decisores políticos asumir la continuidad de este compromiso.
[1] Bachiller en Arquitectura. Consultor en Defensa y Seguridad. Egresado del Curso de Dirección Estratégica para la Defensa y Administración de Crisis (CEDEYAC). Ha publicado en Revista Perú Defensa & Seguridad y Revista Pucará Defensa de Argentina.
[2] Pizarro Rojas, T. (2007), como cita Laguerre Kleinmann, M. (2020). Misión Naval Americana en el Perú (1920-1933/1938-1969). Marina de Guerra del Perú – Escuela Superior de Guerra Naval.
[3] Saab Gripen E/F de Suecia y Dassault Rafale F4 de Francia. Según el excomandante general de la FAP, teniente general (r) Carlos Chávez Cateriano, “el prestigio de la marca, el éxito en las misiones de combate real en múltiples conflictos alrededor del mundo y la garantía del soporte técnico futuro (…)” finalmente inclinaron la balanza en favor del F-16, independientemente de la “calidad innegable” de los otros dos productos. Entrevista en Pucará Defensa, 22 de abril de 2026. Enlace: https://www.pucara.org/post/gral-ch%C3%A1vez-cateriano-ex-cdte-de-la-fuerza-a%C3%A9rea-del-per%C3%BA-sobre-la-compra-de-f-16-este-programa
[4] El proceso fue directamente influenciado por el que siguió Estados Unidos con la National Security Act promulgada por Harry S. Truman en septiembre de 1947, que estableció oficialmente el Departamento de la Fuerza Aérea (Department of the Air Force, DAF), separando al componente aéreo de lo que hasta entonces era el Cuerpo Aéreo del Ejército (US Army Air Force, USAAF) para constituir a la Fuerza Aérea (US Air Force, USAF) como una rama independiente y de igual rango.
[5] A través del plan Renovación II de 1953, la FAP adquirió (a partir de 1955) los Lockheed T-33A Shooting Star y North American F-86F-25 Sabre – los primeros reactores de combate en entrar en servicio en cualquier país latinoamericano.
[6] Debido a estas políticas poco felices que bloquearon la transferencia de sistemas avanzados como el Northrop F-5 Freedom Fighter, el Perú regresó a sus proveedores tradicionales europeos, adquiriendo el Hawker Hunter F Mk.52 al Reino Unido, el Mirage 5P a Francia, entre otros.
[7] La recepción de aeronaves de ataque Cessna A-37B Dragonfly continuó en paralelo a la compra de material Sukhoi Su-22 Fitter F y Su-22M-3K Fitter J a la URSS.
[8] Prohibición de suministrar a países no alineados sistemas de armas sofisticados, del mismo estándar tecnológico que equipaban a Estados Unidos y sus aliados íntimos. La PD-13 sería finalmente derogada en 1997, durante el gobierno de Bill Clinton.
[9] El entonces comandante general de la FAP, teniente general Hernán Boluarte Ponce de León, declararía posteriormente ante comisión ad hoc del Senado, en 1991, que una de las razones por las cuales no se optó por el F-16 era la insistencia del gobierno estadounidense en ofrecer la variante de exportación con el motor General Electric J79-GE-17X, una planta propulsora de generación anterior y prestaciones inferiores al Pratt & Whitney F100-PW-200 de serie, que terminó liberándose para Venezuela, a pesar de que la autorización del avión que debía adquirirse para la FAP era “F-16 o similar” , como cita Malpica Silva Santisteban, C. (1993). Pájaros de alto vuelo: Alan García, el BCCI y los Mirage. Minerva.
[10] Recomendamos revisar La arquitectura de defensa en Latinoamérica – reflexiones a partir de una reunión reciente, publicado por Domingo Silva en DefPol. Enlace: https://defpolwordpress.com/la-arquitectura-de-seguridad-americana-en-su-relacion-con-el-peru-reflexiones-a-partir-de-una-reunion-reciente/
[11] El 2 de mayo de 1826, el primer embajador americano en Lima, James Cooley, presentó la carta credencial firmada por el presidente estadounidense John Quincy Adams donde formalmente se dio inicio a la relación bilateral entre Estados Unidos y el Perú.
[12] Por la fraudulenta compra de los aviones MiG-29/MiG-29SE 9.13/9.13SE Fulcrum C y Su-25 Frogfoot fueron condenados penalmente conspicuos funcionarios del gobierno de Fujimori, incluyendo el exasesor presidencial Vladimiro Montesinos y exministros de Estado.
[13] Tanto el Mirage 2000 como el MiG-29 se consideran aviones de cuarta generación. Sin embargo, en servicio peruano, el Mirage 2000P/DP apenas recibió mejoras puntuales en sus 40 años de servicio (principalmente en sistemas de autoprotección y navegación, sin modernizar el radar ni integrar armamento moderno). Por su parte, los MiG-29 dejaron de operar de forma efectiva hace por lo menos un lustro, debido a altos costos operativos y serias dificultades para obtener repuestos y soporte técnico de la industria fabricante. Junto con la reducción en disponibilidad, fueron degradándose progresivamente otras capacidades críticas, como repostaje en vuelo, cobertura radar de los cielos peruanos, etc.
[14] Se recomienda revisar Recomponiendo alas rotas – una reflexión en torno al presente y futuro del poder aéreo nacional, publicado en DefPol por el mismo autor. Enlace: https://defpolwordpress.com/recomponiendo-alas-rotas/
[15] Revisar El poder aéreo en la encrucijada – mitos y verdades al momento de decidir, publicado en DefPol por Domingo Silva y Christian Barclay. Enlace: https://defpolwordpress.com/el-poder-aereo-peruano-en-la-encrucijada-mitos-y-verdades-al-momento-de-decidir/
[16] El primer F-16A de preserie (s/n 75-0745), voló por primera vez el 8 de diciembre de 1976.
[17] Consecuencia de las tensiones diplomáticas entre ambos países a partir de la Enmienda Pressler de 1985.
[18] Sesión de Q&A en el canal YouTube Aircraft Interview el 12 de agosto de 2020. Enlace: https://www.youtube.com/watch?v=w7DdTv1kHcI
[19] Aviones de tercera generación Dassault Mirage III/5 franceses, Shenyang J-6 y Chengdu F-7 chinos.
[20] Modificación extensa llevada a cabo por Elbit Systems y Aerostar para incorporar una cabina digital revisada, mandos HOTAS, radar multimodo, sistema de autoprotección y guerra electrónica y comunicaciones cifradas Have Quick, entre otros.
[21] van der Berg, V. J., Tabak, M. D., Bosoma, J., & van Shaik, T. (2019, julio). Carpathian Warhawks. AirForces Monthly, #376, 100–104.
[22] Los F-16 ucranianos provienen de aliados europeos, como Dinamarca, Noruega y Países Bajos, con soporte estadounidense y europeo. Se trata de aeronaves F-16AM/BM Block 15 MLU, similares a los que actualmente operan Chile y Argentina, aunque de un estándar de software (OFP) anterior.
[23] Artículo de Air & Space Forces Magazine, citando una fuente anónima (piloto de combate ucraniano). Enlace: https://www.airandspaceforces.com/f-16s-ukraine-fly-every-day-cavoli/

