Por: Domingo SILVA Cancino[1]
En nuestra última nota denunciamos la situación crítica con Colombia, viendo con preocupación cómo un asunto de política interna de un país podía escalar en una crisis fronteriza, mientras continuaba siendo perturbado el proceso de toma de decisiones del gobierno peruano para adquirir 24 aviones de combate nuevos para la Fuerza Aérea del Perú (FAP)[2]. Y no obstante el Gobierno peruano señaló reiteradamente en varias oportunidades que se anunciaría una decisión respecto de un tema tan importante como el del equipamiento de nuestras Fuerzas Armadas para garantizar la soberanía e integridad territorial de la Nación, la misma sigue sin manifestarse al momento de dar por cerrado el presente artículo, a pesar de la promulgación del Decreto Supremo que autoriza las operaciones de endeudamiento para generar el presupuesto inicial para concretar la adquisición[3].
En esta oportunidad, queremos centrarnos en un caso de recuperación y concreción de capacidades militares en la región que debemos mirar como ejemplo: la adquisición por parte de Argentina de una flota de aviones F-16 que pertenecieron a la Real Fuerza Aérea Danesa (RDAF); los detalles del proceso político, los acuerdos entre gobiernos y el apoyo de Estados Unidos para facilitar notables avances en su ejecución.
¿CÓMO SE INICIA EL PROCESO DE ADQUISICIÓN DE LOS F-16 POR ARGENTINA?
Tenemos que considerar que, al igual que el caso peruano, Argentina vino sufriendo la degradación de sus capacidades de combate aéreo por muchos años – más evidentemente desde que el sistema Mirage III/5, en sus distintas versiones[4], fue dado de baja en 2015.
Ante esta grave merma en capacidades, que implicó la renuncia de la Fuerza Aérea Argentina (FAA) a operar reactores supersónicos por una década, la Institución realizó los estudios correspondientes para determinar la selección de una plataforma de cuarta generación que pudiese reequipar sus escuadrones de combate. Sin embargo, hasta ese momento no se contaba con la predisposición política para destinar fondos públicos, de considerable magnitud, para poder hacer realidad dicha aspiración.
El gobierno estadounidense ha venido ejecutando este acuerdo de eficacia inmediata a lo largo del 2025, con la intervención de personal de la Oficina de Programas y Sistemas (SPO[5]) asesorando al personal de mantenimiento argentino en lo relacionado a la mejora de los programas de software, la carga de la biblioteca de datos de misión para los sistemas de los aviones, y las pruebas de interoperabilidad como parte de un programa de vuelo operacional (Operational Flight Program – OFP) ejecutado por Lockheed Martin, el mismo que tiene vigencia hasta el 2032. Este programa OFP comprende la asesoría, en las bases de Río Cuarto y Tandil, para las tareas de integración de aviónica, la certificación del protocolo de enlace de datos Link 16, la actualización de las bases de datos de guerra electrónica y la implementación de la infraestructura en las dos bases mencionadas (simuladores, obras civiles, hangares, sistemas de seguridad, sistemas de detención de aeronaves BAK-12).
LAS CAPACIDADES DEL MATERIAL
Es interesante hacer una comparación de las capacidades que adquiere la FAA con la incorporación del sistema de armas F-16AM/BM Block 15 MLU Tape M6.5 respecto a las que tenía con la operación de los A-4AR Fightinghawk incorporados en el año 1997 – la plataforma más actualizada con la que contaba la Institución antes de la incorporación de los F-16.
| Sistemas | A-4AR | F-16AM/BM Block 15 MLU Tape M6.5 | Observaciones |
| Célula | Diseño: 1954. Ala delta pequeña baja, construcción en duraluminio, con 5 puntos de anclaje. Peso máximo de 24,500 lbs y motor P&W J52-P-6A de 8,500 lb de empuje, con una relación potencia/peso de 0.5:1 | Diseño: 1972. Construcción en titanio, aleación de aluminio-litio y materiales compuestos, capaz de sostener 9 g en combate aéreo. Ala delta fusionada con el fuselaje y con extensiones de la raíz del borde de ataque (LERX) para mejor control en vuelo a altos ángulos de ataque. 9 puntos de anclaje, peso máximo de 37,500 libras y motor P&W F100-PW-220 de 23,770 lb de empuje, con una relación potencia/peso de 1.1:1 | La diferencia entre el A-4AR y el F-16 Block 15 MLU es abismal en prácticamente todos sus aspectos – desde el diseño de la célula y los materiales usados en su fabricación, el sistema de control de vuelo (el F-16 utiliza mandos de vuelo eléctricos controlados por computadora), el motor (el F-16 tiene 2.8 veces más empuje que el A-4AR), lo que permite mayor carga útil, alcance y velocidad. Esto le da al F-16 una indiscutible superioridad en prestaciones y capacidades sobre el A-4R |
| Velocidad máxima | 580 kt | 1,175 kt (Mach 2.05) a 40,000 pies | |
| Radio de combate | 350-500 km en misiones aire-suelo | 500-700 km en misiones aire suelo/superficie (naval), y 1,200 km en misiones aire-aire | |
| Carga útil | 3,400 kg en 5 puntos de anclaje | 7,700 kg en 9 puntos de anclaje | |
| Sensor primario (radar de control de tiro, FCR) | Westinghouse AN/ARG-1 Variante simplificada y reducida del AN/APG-66(V)2 Alcance detección aire-aire, mira abajo-dispara abajo: 100 km Alcance aire-superficie/naval: 40 km Mapeo de terreno: 100 km | Westinghouse AN/APG-66(V)2 Alcance instrumental mira-arriba: 150 km Alcance mira-abajo: 46-87 km con capacidad de seguir hasta 10 objetivos con ataque simultáneo hasta 6 con misiles AIM-120. 4 veces mayor resolución en mapeo de terreno mediante técnicas de aguzamiento del haz Doppler (DBS), acercándose a la resolución de un radar SAR | Aunque en principio se trata del mismo radar, el ARG-1 es una versión adaptada para caber en el radomo más pequeño del A-4R, lo cual limita su desempeño. En el caso del radar del F-16 MLU, actualización de la computadora modular de misión (MMC) con mayor velocidad de procesamiento (además de bibliotecas de armas y algoritmos para la correlación de datos de los sensores), asociada a nuevos modos de operación aire-aire (integración de los misiles AIM-120C-8 y AIM-9X) y aire-superficie (identificación de objetivos terrestres móviles – GMTI, mapeo de terreno y señalización de blancos), permitiendo el lanzamiento de diverso armamento |
| Navegación precisa | No hay evidencia de equipos GPS/INS en el A-4AR, dependiendo más bien de sistemas legados como el AN/ASN-41 o TACAN, heredados del USMC | LN-260 EGI (Embedded GPS/INS) | En este aspecto, el F-16 sobresale en su capacidad de entregar navegación precisa incluso en entornos donde sea negada la conexión a GPS, representando un gran salto tecnológico respecto del A-4AR |
Argentina está adquiriendo un sistema de armas que está notablemente por delante de todo lo que ha alineado en su Fuerza Aérea previamente, a pesar de algunas veces que ven con preocupación el horizonte futuro de esas aeronaves, tomando en cuenta la extensa utilización de las mismas, pero los responsables de la adquisición aseguran que esas plataformas pueden cumplir con los requerimientos técnicos y operacionales por al menos 20 años[6], por lo que pueden sostener las capacidades adquiridas sin problema, siempre que se cumplan con los procedimientos de mantenimiento correspondientes[7].
Los F-16AM/BM Block 15 de la RDAF han recibido numerosas actualizaciones sucesivas desde la implementación del programa MLU circa 1993. El Tape M6.5, en servicio desde la segunda mitad de la década de 2010, representa la suite OFP definitiva y el más alto estándar de software para la flota EPAF, llevando los aviones a un nivel de comunidad operacional comparable al del F-16C/D Block 50[8], garantizando su plena interoperabilidad con la OTAN,
CAPACIDADES MILITARES – EL CASO ARGENTINO COMO EJEMPLO A SEGUIR
En el presente caso de estudio, podemos resaltar las siguientes observaciones:
- Si bien es cierto la FAA realizó estudios para la recuperación de la capacidad de interceptación supersónica perdida con la baja del sistema de armas Mirage III/5 en 2015, no hubo voluntad de los gobiernos anteriores para el efecto. Ello nos permite apreciar que solo se pueden construir capacidades si existe voluntad política, no siendo suficiente que las instituciones armadas determinen sus planes de reequipamiento.
- Construir capacidades militares es quizás uno de los objetivos de gestión pública más difíciles de llevar a cabo, por cuanto a) representa inversiones importantes de fondos públicos en el orden de varias centenas y hasta millares de millones de dólares, dirigidas principalmente hacia sectores industriales de países proveedores de armas, tecnología, bienes y servicios; b) las inversiones se llevan a cabo a lo largo del tiempo, imponiendo al Tesoro Público unas obligaciones de pago anuales por el plazo de endeudamiento; y c) porque la inversión en capacidades militares (defensa nacional) es resistida políticamente por grupos que han sido gobierno y que pueden incluso arriesgarse a paralizar cualesquiera programas de modernización/renovación de equipamiento militar sobre la base de sesgos e intereses partidistas.
- El proceso de adquisición de equipamiento para construir y fortalecer capacidades militares debiera ser el resultado de una comprensión madura y completa de cuáles son las necesidades de seguridad de cada país y de cuál es el tipo de instrumento militar que se adecúa mejor a resolver dichas necesidades. La FAA determinó técnicamente que el avión elegido para suceder a su flota de aviones Mirage III/5 era el F-16. Empero, a pesar de que desde el año 1991 la Institución venía expresando preferencias por el avión estadounidense, la compra no pudo concretarse hasta no consolidar el apoyo político para hacerlo.
- Argentina pudo finalmente concretar la compra de 24 aeronaves de combate no solamente a raíz de una repentina habilitación presupuestaria de parte de un gobierno más consciente con la defensa nacional, sino que lo hizo por voluntad política expresa de Estados Unidos, preocupado por la probabilidad – en un momento determinado – de que la FAA escogiera al JF-17 chino como su nueva plataforma de combate, lo cual habría representado un acercamiento peligroso en la región de su principal rival geopolítico. Para evitar eso, se generaron condiciones favorables para que Argentina pudiera incorporar un lote de aviones F-16 a un precio asequible, dentro de sus posibilidades económicas y de endeudamiento, de un estándar que permitiera su actualización en el futuro por el tiempo de vida previsto del sistema de armas en la FAA, y dentro de plazos perentorios. Se necesitaron decisiones políticas importantes y trascendentes para que, a la fecha del presente artículo y habiendo pasado 21 meses desde la firma de la LOI, las 6 primeras aeronaves arribaran a suelo argentino[9], y para poder realizar todo el proceso de transferencia e implementación han tenido que participar de manera coordinada 7 entidades estatales de tres países – a saber, la Oficina del Programa del Sistema F-16 y la Oficina de Adquisiciones y Logística para la Defensa – DALO en Estados Unidos; el Ministerio de Defensa danés y el Ministerio de Defensa y el Estado Mayor de la Fuerza Aérea Argentina.
CONCLUSIONES
El caso argentino de la compra de los aviones F-16 a Dinamarca, representa un ejemplo claro de cómo un gobierno puede, sin excesiva demora, tomar las decisiones que se requieren para incorporar un nuevo sistema de armas. Ello plantea lecciones valiosas para el futuro planeamiento y gestión de otros Estados en la región respecto de su seguridad:
- La necesaria intervención decidida y eficaz del poder político al momento de determinar cuáles son las mejores opciones para la seguridad y defensa de una nación. En el caso argentino, aun cuando la FAA ya tenía identificada la probable fuente de suministro de su nuevo caza de combate, no hubo mayor avance hasta que se dio un cambio de gobierno en Argentina, así como de administración en Estados Unidos, para poder generarse las condiciones para la transferencia de los aviones al país sudamericano.
- Luego de décadas de sucesivas crisis políticas y económicas mal gestionadas, Argentina tiene ahora un nuevo gobierno que ha iniciado una serie de reformas que están permitiendo la recuperación de su economía y de sus capacidades. Conscientes de su realidad, el Ministerio de Defensa, el Estado Mayor Conjunto y la Fuerza Aérea Argentina consideraron la adquisición de naves de segundo uso, en buen estado de conservación y mantenimiento y debidamente actualizadas, como un primer paso para la recuperación de capacidades militares que venían degradándose progresivamente.
- De los 5 países con los cuales Argentina comparte límites territoriales, dos de ellos trabajan constantemente en mantener y expandir sus capacidades militares – a saber, Brasil y Chile. Las relaciones amistosas del presente podrían cambiar el día de mañana, y sabemos que la amenaza se produce cuando existen actores con la voluntad y la capacidad de poner en riesgo la estabilidad y la concreción de los intereses y objetivos nacionales. Asimismo, comentamos que las capacidades militares demoran tiempo en crearse y mantenerse, mientras que la voluntad de los actores estatales puede cambiar en poco tiempo. Es por ello que toda sociedad y sus líderes deben asumir esta tarea con responsabilidad, y por ello es prudente anticiparse a la posibilidad real – por más improbable que sea, pero potencialmente de gran impacto – del ejercicio de la fuerza en dichos casos.
- Finalmente, aunque Argentina no haya adquirido el avión de combate más moderno de la región (comparado con el F-16C/D Block 50M chileno y el JAS 39 Gripen E/F que ya opera Brasil, junto con sus respectivos multiplicadores de fuerza, como cisternas aéreos y aeronaves de teledetección y mando y control), sí se ha hecho de un sistema de armas de cuarta generación con un remanente de vida útil suficiente para los propósitos que ha determinado la FAA, debidamente actualizado a un nivel tecnológico que se acerca al del F-16 Block 50[10], con soporte logístico en sistemas y armas en un lote inicial, en números suficientes para dos escuadrones, y por un valor que está ligeramente por encima de los $50 millones por unidad – equivalente al 23% del costo de un Gripen E/F o 17% en el caso de un F-16 Block 70 de fabricación nueva, lo que es una inversión contenida para las capacidades que se están adquiriendo. Esto es muy importante, porque la Defensa requiere de discusión y evaluación constantes sobre cuáles son las políticas que deben implementarse para crear, y sobre todo mantener, unas Fuerzas Armadas adecuadamente equipadas y preparadas en todo momento. Se puede concluir, entonces, que Argentina ha adquirido capacidades modernas y sumamente competitivas para sus necesidades de seguridad a un costo rentable de inversión que, de otra manera (por ejemplo, obligándose a considerar únicamente material nuevo) podría haber resultado no asumible.
[1] Licenciado en Derecho, Gerente General de la Sociedad Comunicaciones para la Defensa y Seguridad, editora de la Revista Perú Defensa & Seguridad. Ha sido facilitador del Curso de Dirección Estratégica para la Defensa y Administración de Crisis (CEDEYAC), de la Escuela Superior de Guerra Naval de la Marina de Guerra del Perú, con estudios en el William J. Perry Center for Hemispheric Defense Studies – National Defense University (NDU), Washington, D.C.
[2] Publicado el 17 de mayo último en defpol.wordpress.com
[3] Decreto Supremo N° 339-2025-EF del 31 de diciembre de 2025.
[4] La Fuerza Aérea Argentina llegó a operar una flota de 17 Mirage IIIEA comprados nuevos a Francia entre 1972-1980, más 19 Mirage IIICJ ex israelíes (luego denominados IIIEA luego de modernizaciones) y 3 entrenadores Mirage IIIBJ (adicionalmente 4 IIIDA entre 1973-1982/1983). Esa flota fue complementada con 39 IAI Dagger más 10 Mirage 5P Mara (que fueron suministrados por el Perú).
[5] SPO es el acrónimo de Systems Program Office que, en el caso del F-16, es la organización debajo del Comando de Material de la USAF, que funcionan en las Bases de Hill y Wright-Patterson, encargados de gestionar todo el ciclo de vida de los F-16, incluyendo mejoras y actualizaciones, software (como los programas de actualización M – Tape), vida estructural, FMS, y la integración de nuevos sistemas y armas.
[6] Al respecto, hemos podido recoger información publicada en Internet (www.youtube.com/watch?v=zeWZjl6pSxg) donde se indica que, en el caso de los F-16 daneses, al 2016 la flota de tenía un promedio de 5,100 horas ya voladas por cada avión, habiendo sido sometidos a un programa Pacer SLIP (Structural Life Improvement Program) entre los años 1993 y 1996, antes del programa MLU aplicada a la flota EPAF de F-16, y en el año 2009 se les aplicó el programa Pacer AMSTEL y finalmente el programa Falcon STAR (Structural Augmentation Roadmap). En el caso de la flota danesa, a cada avión le quedarían aproximadamente 900 horas remanentes de vida útil, lo que multiplicado por el número de unidades adquiridas arroja un total de 21,600 horas. Dividiendo esa cantidad de horas entre los 20 años que tiene previsto vivir como mínimo el sistema de armas en la FAA, arroja un total de 1,080 horas para la flota, lo que a su vez dividido entre 24 aeronaves da un promedio de 45 horas de vuelo al año por avión. De acuerdo con los oficiales a cargo del programa, esta proyección de horas satisfaría los requerimientos operacionales y de entrenamiento del a Institución por el tiempo de operación del mismo.
[7] Como parte del apoyo que Dinamarca prestaría a la Argentina como parte de la transferencia, podría ser el establecimiento de una organización y el establecimiento de una unidad militar general de mantenimiento (un Escuadrón) que se encargue de concebir, planear y ejecutar todo un programa de mantenimiento para cada aeronave y su asignación operativa al escuadrón en Tandil, para así rotar las naves en su empleo a fin de mantener el nivel de instrucción, doctrina y entrenamiento de la FAA, ajustado a sus requerimientos nacionales.
[8] Equivalente al Tape de OFP contemporáneo M7 para la USAF.
[9] En diciembre de 2024 llegó el primer ejemplar biplaza matrícula M-1210, el mismo que no está destinado a volar, sino a servir de unidad de entrenamiento para el personal en tierra.
[10] Los F-16 Block 50 fueron incorporados en la Fuerza Aérea de los Estados Unidos (USAF) en 1991, con una capacidad aire-tierra mejorada (Suppression of Enemy Air Defenses – SEAD) al poder portar y disparar el misil AGM-88 HARM (High Speed Anti Radiation Missile), con un radar inicial AN/APG-68(V)5, el mismo que fue reemplazado en los Block 50 fabricados a mitad de los 2000, como los recibidos por Chile, con un radar AN/APG-69(V)9 con mejorada resolución en modos de mapeo de terreno, así como alcance extendido en modo aire-aire.

